El "problema" del 'yo' es un problema para el que mira la vida de una cierta manera y para el que entiende ese 'yo' de modos específicos.
El 'yo' es una autopercepción y una forma de predecir, que presenta a uno mismo lo que (supuestamente) uno es y lo que uno puede hacer. Pero el cómo se presenta espontáneamente lo que uno es y cómo se interpreta esa presentación depende de cómo se aprenda a mirar.
El 'yo' de la mayoría de individuos sin sofisticación es una simplificación de la complejidad y dinamicidad de la experiencia personal.
Se ve un piloto en una máquina, encerrada ante el mundo y los cambios; un alma persistente, con un sentido unitario, que sigue vigente ante todos los cambios de edades, contextos, experiencias y conocimientos.
Se entiende a uno mismo, lo demás y al mundo como fijo y predecible, por lo que no hay mucho que llegar a comprender.
La creencia de que lo que fui, sigo siéndolo, aunque ya nada de ello se muestra, sino tan solo el recuerdo y el reconocimiento; de que lo que creo que soy lo seguiré siendo, cerrando al flujo parcialmente incontrolable y no previsto de los cambios.
Ese 'yo' es dolor cuando hay tensión entre lo que pienso de mí y lo que veo actualizado; quizá porque ya no lo soy o porque nunca lo fui.
Es la mayor de las frustraciones cada vez que sus hábitos para interpretar el mundo se imponen por sobre lo que está pasando ante sus ojos.
Es dolor cuando tengo la oportunidad en frente, pero "sé" que "no puedo" (pese a que puedo si lo intento lo suficiente).
Duele en la carne cuando ese 'yo' se reconoce a sí mismo merecedor de elogios, victorias y facilidades, pese a que ese reconocimiento es mera proyección; duele cuando el elogio, la victoria y la facilidad no se dan o cuando se dan sus opuestos: la crítica que ataca, la pérdida que desorienta y la dificultad que obstaculiza.
Pues sí, ese 'yo' trae mucho dolor, y casi nunca se recuerda (si es que se tiene conciencia de ello) lo que se sufre por causa suya.
Claro que el 'yo' no es más que molestia para aquel que quiera erradicar para siempre la insatisfacción del choque entre lo que se espera y lo que ocurre con independencia de lo que uno crea.
(Pero la mayoría de quienes quieren sacar de raíz a ese 'yo' deben acudir a la utilidad del 'yo' que les hace verse a sí mismos como quienes quieren sacar de raíz a ese 'yo').
Para casi todos, el 'yo' será su sombra que les acompañe hasta su muerte.
Hay un camino medio para el que sepa mirar la sabiduría del que mató esa simplificación del 'yo' y del que conquistó (al menos por un instante breve de tiempo y en su burbuja de condiciones) su mundo.
Para el que desee caminar entre las metas mundanas, más vale tener una comprensión del 'yo' suficientemente sofisticada.
Lo que habría, en realidad, en lugar de un núcleo invulnerable cerrado sobre sí mismo:
Una perspectiva en primera persona que solo uno habita;
Un cuerpo que experimenta, conoce e interactúa dando forma a esa perspectiva;
Estabilidad y continuidad parcial de las tendencias;
Capacidades efectivas, recuerdos y percepciones;
Estimaciones falibles de lo que podría hacer en base a lo que se ha podido hacer antes;
Intención e interpretación presente que en parte da forma a la intención e interpretación futura;
Relaciones con el entorno y con los otros que han moldeado en parte lo que se puede y no se puede;
Continuación parcial de legados de los que lo han precedido a uno y de lo que uno mismo ha sido.
Impulsos nacidos desde el interior y modulados por el exterior;
Reconocimientos de parte de los otros por medio de lo que se ha sido y se tiende a ser.
Pero, a la vez, el 'yo' es impulso y generador de oportunidades.
El 'yo' es creador de mundos (percibidos y reales) y canalizador de roles.
Da momentum a las acciones por medio del sentido.
Encarna en la emoción lo que se "debería" hacer, dado ese 'yo' específico que eres.
Sí, el 'yo' trae dolor cuando falla en sus propósitos, pero si es inteligentemente esculpido y comprendido, también levanta de las caídas.
El 'yo' del que se ve como madre o como padre le da un compromiso con su hijo.
El 'yo' del que se sacrificó por su pueblo, por saberse "responsable" de traer el cambio que tanto se necesitaba.
El 'yo' del que, por saberse brillante y gozar de su luz, no dejó nunca de aprender y crecer en el conocimiento.
El 'yo' del que se entiende buen amigo, que no quiere dejar de serlo y que ama la compañía de la buena amistad.
Todas esas son brújulas y motores que rara vez la mera razón y la responsabilidad abstractas proveen, al menos para la práctica totalidad de personas.
Difícil es moverse con un 'yo' sofisticado, pues la sofisticación no es la marca de las mayorías.
La sofisticación requiere inteligencia; auto-crítica; reconocimiento de las tendencias comunes de los otros, reconocimiento del lugar en el que se está y de cómo otros le ven a uno; valentía; ímpetu; amplitud de mente; suficiente tolerancia de lo diverso y lo inesperado; y, muy a menudo, buenas influencias que empujen a la vez que protegen.
Pero la dificultad trae el mayor de los frutos: la conquista de lo que se busque.
Y, permítaseme sugerirlo: si se acompaña esa conquista con la moderación de la sed de victorias, se tendrá en el 'yo' un compañero de camino (en la mayoría de los casos) suficientemente leal.
El 'yo' permanentemente insatisfecho es igual que convivir con el peor de los enemigos, para uno mismo y para quienes le rodeen a uno (lo que solo llevará a llenarse de enemigos, reales e imaginarios).
Este sería el camino alternativo al sacrificio total del que busca la imperecedera paz:
El 'yo' que conquista, que se conquista, que ayuda a otros a conquistar sus vidas, que se deja ayudar por otros, que se mueve con las agitaciones del mundo, que sabe que todo tiene un fin y que sabe cuándo seguir y cuándo detenerse;
Un 'yo' que no se mira como alma encerrada, sino como un móvil y dinámico centro que se extiende por sobre su entorno;
Un 'yo' que debe adaptarse a lo que se escapa de sus planes, incluso cuando crea que merece algo que no ha obtenido.
En ese equilibrio se logrará habitar el caos con suficiente calma.
En ese equilibrio también hay espiritualidad, pues la mundanidad no se opone al espíritu.
(Y si desea renunciar al aferramiento a cualquier autoimagen y al 'yo', este camino le deja a una acortada distancia de ello).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario