martes, 7 de abril de 2026

Lugares Políticos (No-tan-)Comunes


Las siguientes ideas no tienen profundad mayor (ni pretenden tenerla) que la que tienen las ideas que inundan las redes sociales. De hecho, quizá alguna la pensé viendo un video. Solo escribo lo que pensé que sonaba profundo e interesante, y que de paso es un recordatorio de aquello que me hizo sentido. Si está en desacuerdo, es libre de oponerse (y gustoso le leo).

1. El próximo (o el vigente) Gran Tirano no vendrá anunciado con una banda de guerra, ni con un bigote pequeño en el surco sobre el labio, ni con un traje de emperador espacial, ni proclamando que desea el mayor mal de todos los males. Tampoco el Gran Tirano necesita que lo levante un partido que se denomine 'Partido De La MALDAD' en el país llamado Estupilandia o Maldadia. 

Para que el Tirano se alce en el poder, solo se necesita que el candidato sea suficientemente narcisista, o que tenga confianza extrema en sus ideas, o que tenga una gran valentía con una estupidez y/o demencia invisible; se necesita gente común que, con ligereza, le dé soporte, que esté convencida de lo que apoya más allá de toda duda, y que idealmente tenga mucha ira que justifique su actuar; y, cómo no, unas cuantas manos poderosas que intervengan. 

Pregúntese si está contribuyendo a que aparezca el próximo (o se mantenga el vigente, frente a su nariz); el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones o con egoísmos cortoplacistas.


2. Las oposiciones a los Grandes Tiranos dicen representar al Pueblo, pero aquellas tienden a ignorar (in)convenientemente el hecho de que parte grande del Pueblo los odia o los ignora, lo que para las oposiciones más ciegas suele ser muestra de que no son Pueblo. 

Pregúntese si está sabiendo lidiar con este hecho sin una venda sobre los ojos y sin tratar con personas imaginarias.


3. La política es como la guerra y como la ciencia: ninguno de sus asuntos los comprende en profundidad alguien como yo o como usted, salvo que yo o usted hayamos estudiado lo que se requiere, tal como se requiere entrenamiento, inteligencia y planes bien fundamentados para atacar; o conocimientos, teorías, hipótesis, diseños experimentales y observaciones bien fundamentadas para investigar. 

Esto implica que, el que quiera actuar en el terreno político de forma efectiva, eficiente y ética, debe hacer un triple trabajo: no solo cuestionarse y determinar lo que se quiere, sino indagar por si lo querido realmente es posible y útil, y por qué medios debe hacerse para concretar eso que se quiere. 

Pregúntese si le parece demasiado obvio lo que hay que hacer para resolver lo que sea que crea hay que resolver; pregúntese cuánto ignora de cuánto ignora; y pregúntese por qué su bando no ha conquistado todo lo que busca si es tan obvia la solución a los problemas (Pista: el no poder implementar una solución es también un problema).


4. Es comprensible sentir impotencia por la dificultad de hacer política efectiva; comprensible la pasividad del que cree que nada servirá; comprensible la ira del que logra moverse por dolor e indignación, aunque sin considerar tanto los fundamentos de lo pensado y sentido. 

En última instancia, estas son todas muestras de la esencial complejidad de la esfera política, la cual es especialmente difícil de comprender y abordar en tiempos de extrema efectividad de los medios de poder de los poderosos, con su gran capacidad de dominio e intromisión en todo ámbito de la vida humana. Todos están lidiando con esa complejidad en la medida de sus capacidades y contextos. 

Tal vez, esto debiese tomarse como impulso para enfatizar la idea de que cada cual puede aportar con más facilidad (y no por ello de forma menos legítima) desde las condiciones más inmediatas, y que, si se desea, uno puede dar luchas quizá más difíciles e incómodas, pero más influyentes.

Pregúntese por el efecto que tiene el panorama político actual sobre usted, y pregúntese por qué está haciendo o qué podría hacer desde su contexto.


5. Las ideas sobre el poder (sobre cómo aumentarlo, gestionarlo, ocuparlo para cumplir sus deseos y sobre cómo privar a otros de poder para que no logren sus objetivos) reposan en, y se orientan sobre las ideas acerca de lo que quiere lograr y evitar. 

Si usted es una persona que, por razones instrumentales y/o de principios, se autoimpone límites y guías adicionales de tipo ético sobre lo que se piensa y se busca por buena vida propia, ajena y colectiva en el corto y largo plazo, sus ideas sobre el poder estarán orientadas por esa ética. En este sentido, la ética contribuye a que se proteja lo que nos parece importante, en lugar de ser un simple estorbo cuasi-religioso. 

Si alguien asegura que la ética no tiene nada que ver con el poder y la política, es porque no tiene preocupación alguna más allá de la conveniencia personal (y de su grupo) oportunista y cambiante de corto plazo, o es porque no se ha dado cuenta de que sí tiene una ética; incluso los ladrones tienen su código sobre lidiar con las voluntad de su grupo de ladrones y de otros grupos de ladrones. 

Pregúntese qué le mueve a luchar (o a dejar de luchar) por lo que lucha, y a qué forma de buena vida contribuyen sus acciones (o la falta de ellas).


6. Por poder político, entiéndase el potencial o la capacidad actualizada de afectar el estado social de cosas, ya sea afectando individuos en sociedad o afectando sus relaciones. El poder puede clasificarse de múltiples formas, por ejemplo, según los medios que emplea o los efectos que produce. La política está esencialmente vinculada con el poder: la política es toda actividad que busca administrar o emplear el poder en beneficio de un individuo o grupos de estos.

Las relaciones sociales se dan en contextos moldeados por el poder, usan el poder (de forma beneficiosa, perjudicial o neutra respecto a ciertos valores específicos) y refuerzan, mantienen o modifican el poder de los participantes de la relación.

"Todo es político" es un eslogan que se restriega a otros sin esfuerzo por que esos otros lo comprendan. Gran parte de (¿quizá todos?) nuestros actos y omisiones puede tener repercusiones éticas y políticas (respecto a quienes pueden usar, administrar o quedarse con el poder) positivas o negativas, pequeñas o grandes, en favor de su propio grupo o de los que se oponen a usted, lo sepa conscientemente o no.

Usted es libre de decidir lo que quiera hacer o dejar de hacer, pero las consecuencias no desaparecen por no saber verlas o no querer verlas. 

Pregúntese qué hará usted con ese conocimiento y si aceptará lo que otros hagan con usted por lo que esté haciendo con ese conocimiento y esa responsabilidad.


7. Quien reconoce el poder de la acción o la omisión, y asume la tarea de hacer algo con ese poder, muy posiblemente intentará inclinarlo hacia sus propios intereses, e intentará hacerlo de manera tal que usted (o quien sea el objetivo de esa persona) no se de cuenta de ello; o, tal vez, lo haga creyendo que solo persigue neutral y honestamente la verdad.

Pregúntese si puede estar siguiendo una corriente que usted no está moviendo ni dirigiendo.


8. No todos se oponen a usted o sus deseos por ignorancia. Resulta ser el caso que hay gente con proyectos genuinamente distintos, y que incluso con toda la información del mundo no deseará lo que usted desea.

Por ello, la política no solo trata de corregir al equivocado, sino también de tratar con quienes buscan otros mundos.

Pregúntese si sabe qué hacer con alguien que no piensa como usted y todos los demás que no concuerdan con sus planes y metas. 


9. El universo no le debe ningún derecho universal. Si usted o el grupo con el que usted se coordine no tiene fuerza (literal o metafórica), recursos, planes efectivos y gente que le apoye, no tiene su derecho ganado o puede perder lo que ganó antes.

El poder, en sus diversas manifestaciones y formas, lo es todo para alcanzar las metas buscadas (lo que, por cierto, no significa que el poder no pueda o no deba ser guiado éticamente: sin ética, los efectos de las acciones no tienen contención y pueden aplastar a cualquiera, incluso al que se dice defender). Sin poder, solo tiene buenos deseos, o quizá solo deseos.

Pregúntese si está cayendo en el pensamiento mágico de dar por asumida la victoria (presente o futura) de su grupo, solo por "merecerlo" o por "necesitarlo".


10. La historia de la política puede entenderse, en parte, como una especie de carrera armamentística en la que: 

  • Ciertos individuos, en ciertos contextos sociales específicos, desarrollan "tecnologías políticas" en la forma valores, ideas, estrategias, prácticas, o instituciones, con el fin de cambiar el estado de cosas social;
  • Esos individuos piensan por grupos completos, a veces sin preguntarse si el grupo quiere lo que se defiende, o si realmente se verá beneficiado por ello;
  • Hay consecuencias positivas y negativas, esperadas o imprevistas, de la ejecución de esas "tecnologías políticas";
  • Los mismos u otros individuos tratan de mejorar o solucionar (si fuese problemático) el estado de cosas resultante de la implementación previa de las "tecnologías políticas". 
Las tecnologías las desarrollan tanto los de su bando como los de los otros bandos. Así, incluso las instituciones que más valoramos (por ejemplo, las leyes, las constituciones o la división de poderes del Estado) surgieron bajo el peso de un contexto dado, tienen defectos, generan nuevos desafíos no anticipados y darán pie al desarrollo de nuevas instituciones, mejores o peores según sus fines. 

Pregúntese si está dando por sentada la vigencia de las prácticas e instituciones que han contribuido a su propio bienestar o al de sus seres queridos; pregúntese si sus acciones e ideas podrían contribuir a generar nuevas y mejores "tecnologías"; y pregúntese a quiénes benefician las "tecnologías" que apoya.


11. Puede haber múltiples causas por las que se desee luchar, cada una de ellas dignas de cuidado y atención. Es posible que algunas de esas causas espontáneamente nos muevan más que otras, por cómo nos afectan emocionalmente. 

Sin embargo, ello no debería enceguecernos ante el hecho de que no toda lucha es igual de compatible con todas las demás en un momento dado, debido a los límites reales de recursos y de poder. Además, hay conquistas que son condición para otras luchas posteriores, y es importante saber identificar esas cadenas de condiciones, para así dar de forma gradual y efectiva las batallas políticas.

Redirigir los esfuerzos de la lucha que más impacta a uno hacia otras luchas que pueden sentirse periféricas no es necesariamente traicionar a la propia causa, especialmente cuando hay vínculos reales entre las causas en cuestión, y especialmente cuando el beneficio de repriorizar luchas puede ser mucho mayor en el largo plazo. 

Esto (junto con la necesidad del poder para lograr los objetivos buscados) es la razón por la cual es torpe negar la formación de alianzas con grupos que no luchen por exactamente lo mismo que uno. Todo lo anterior es otra manifestación más de las semejanzas entre política, guerra y ciencias. 

Pregúntese si su causa le ha vuelto ciego de la necesidad de luchar primero o simultáneamente (según sea el caso) por otras causas que se sientan más periféricas respecto a la suya.


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