En el pasado
Mundos ubicuamente poblados
Nunca estábamos solos
Hasta éramos invitados
Poblados de personas
Con sus propias leyes y prioridades,
Y ante ellas nos manteníamos
Sometidos en conocimientos y poderes
Personas, aunque alienígenas, en el sentido primordial de ese término
Y que para verlos se requería el sentido-con-espíritu
Por estar sometidos, les temíamos
Les venerábamos, les sacrificábamos
Las guerras y los contratos tribales
La cosecha y la vida de lo amado
Todo colgaba en sus manos
O podía colapsar ante su impulso
Después llamamos 'barbárico'
A quien veneraba a los co-habitantes y señores del mundo
Y pasamos a adorar al único Gran Señor
Que nos hizo Señores para que nos adorásemos a nosotros mismos
El Gran Señor tenía su propia cohorte de personas
Que habitaban el mundo impartiendo ley y prioridad
Que eran ley y prioridad del Gran Señor
Que en realidad eran la nuestra
Otra vez poblamos el universo
Con fantasmas azotando en las oscuridades
Con muertos y santos a los que implorábamos
Y ángeles que hacían guardia junto a nuestras camas
Hasta que un día
Un día que duró muchos siglos
Se elevó por sobre la hierba un ojo que miró distinto
Configurando de modo nuevo lo ya visto
Cambiaron de sentido las palabras
'Conocimiento' y 'poder'
'Conocer' era saber que no había tales cosas y saber lo que "realmente había"
'Poder' era ver lo que había y someterlo
El conocimiento y el poder vaciaron el mundo
Fuimos unas pocas de entre incontables generaciones
En las que todo era reducible a personas y cuasi-máquinas inertes
Y en las que casi nadie en el cosmos se contaba entre las primeras
Esta fue la era en que la promesa del poder
Una promesa mayor que cualquier otra en la historia
Que había comenzado a dejar de ser pura promesa
Y nada parecía poder detener su providencial cumplimiento
Lo que no sabían esos autodesignados señores
Era que la promesa lleva consigo su propia anulación
Y que la condición de su poder
Estaba siendo condición de imposibilidad de cualquier futuro poder
Otro día pasó, ahora de unos pocas decenas de años,
Y se volvió evidente que no sabíamos lo que hacíamos
Todo lo producido como efecto de aquella promesa
Parecía guardar el secreto de una ruina
Todo lo producido como efecto de aquella promesa
Parecía guardar el secreto de una ruina
Al conocer y aumentar en poder supimos cómo nos desbordan nuevas naturalezas
En derredor a la persona y en lo intestino a ella
Naturalezas que cuesta indicar como un 'ello' que podríamos decidir ignorar
Sin la consecuencia de llevar al fin de la propia vida
Sin la consecuencia de llevar al fin de la propia vida
Y si para señorear se requería dominar más y más
Ahí, entonces, surge la pregunta:
¿Queremos gobernar el mundo del mismo modo?
O, más bien, ¿queremos siquiera señorear?
Hoy, nuevamente
Mundos severamente poblados
Nunca estamos solos
Todavía seguimos siendo, según nosotros, señores
Poblados de organismos incómodos
Que son decoraciones y útiles
Y ante nosotros, según nosotros, se mantienen
Sometidos en deseo y voluntad
Mas lo cierto es lo contrario
Estamos dominados por ese deseo
Y en dependencia de esos poderes sin voluntad
Que no la requieren para sobre nosotros gobernar
Somos, incluso nosotros mismos
Colección de estos pequeños señoríos
A los que, sin voluntad, parece importarles
Desde lo que respiramos, hasta lo que comemos
Comienza, así, a desdibujar
Más de lo que nunca lo había hecho
El límite entre el dominador y lo dominado
Como entre lo volitivo y su condición
'Conocimiento' y 'poder' tendremos cuando sepamos
Respetar incluso si no hay voluntad en lo respetado
Agachando la cabeza ante lo que necesitamos
Sin señorear, para movernos por este mundo poblado
Está la opción concebible de habitar dominando
Pero habrá que aceptar, en consecuencia
La aniquilación de toda opción futura
Agachar la cabeza en señal de veneración es venerar la propia vida