Ocho vientos terrenos mueven al humano
en su incesante vagar por la Rueda de la Fortuna:
Felicidad y Sufrimiento; Alabanza y Crítica;
Ganancia y Pérdida; Éxito y Fracaso.
La Rueda gira y a nadie espera.
Sigue su curso intempestiva, desconsiderada ante plan alguno,
aplastando al incauto y al confiado.
Tres formas de seguirla; Tres vidas distintas.
Estos son arrastrados por ella,
Esos se mueven con ella,
Aquellos se posan en su eje.
Estos ignoran cambio alguno, por no saber de la Vuelta.
Movidos al arbitrio del poderoso, lentos agonizan sin saberlo.
Espíritus, muertos vivientes, animales de carga.
En los Discursos te nombran 'común', 'del mundo'
por ser erosionado por el viento mundano.
Esos no se preocupan por el paisaje, pues han visto y atendido
al ritmo interno, contrayéndose y expandiéndose.
Quieren, pero saben cuándo a tiempo soltar
Obedientes del azar, fluyen, se generan
Ellos mismos cambian el mundo, que vuelve para cambiarlos a ellos
Superhombres, Santos del Tao.
Aquellos fueron más allá, tranquilos en el centro.
Han escapado del giro de la Rueda, inmunes al viento.
No miran por la ventana, ni les conmueve el gruñido del estómago.
Por la Verdad liberadora alcanzaron el Sosiego; vencedores de la muerte.
Al saber de los caminos y de todas sus opciones,
ya no hay excusa para cobijarse en la circunstancia.
La Mala Fe del cobarde, que de toda decisión huye,
pues teme el poder de la responsabilidad y el peligro de crear.

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