Todos sin tiempo.
Todos consumidos.
Todos piezas intercambiables y desechables.
Todos rodeados de basura.
Todos ciegos siguiendo ciegos.
Avanza la Máquina, y nuevas piezas se fabrican para fabricar
nuevas piezas.
No sé cuál es su intención.
No sé si tiene un plan deliberado.
No sé si fue planificada o concebida con el transcurrir del tiempo y la
codicia.
No sé si hay maquinista, arquitecto o ingeniero a cargo.
No sé si está en su programa hacer piezas iguales que no notan su condición de
piezas.
No sé si fue simple azar o una perversa genialidad la que calculo cada paso.
No lo sé y, honestamente, no me importa.
Solo sé que la Máquina existe, y que su presencia se hace notar a donde sea que
pose la mirada.
“¿Cómo escuchar al que está fuera de la máquina, si él mismo
no está aplastado por su garra que todo lo atrapa y todo transforma?”
“¿Cómo escuchar al privilegiado?”
“¿Por qué debería escuchar al arrogante que cree entender mejor que nosotros lo
que nosotros, y solo nosotros, vivimos cada día, cada hora, en cada respiración,
y en cada sueño?”
“¿Qué pueden saber ellos si no es de libros, a su vez escritos por otros que
solo han conocido la Máquina por fuera?”
“¿Cómo creerle a quién no padece lo que solo nosotros padecemos?”
La incredulidad y la ceguera son a la vez productos y planos
de construcción de la Máquina.
El inocente orgullo del que adora su jaula hecha de oro es el custodio de la
Máquina.
La Máquina respira por nosotros; se alimenta de nosotros; es nosotros.
Autopoiesis.
Todos iguales.
Todos ciegos.
Todos odiando.
Todos agotados.
Todos sin futuro ni presente.
Dentro de esos todos no hay nadie en especial.
La Máquina está en todos lados.
Quien no está moldeado a su imagen y semejanza, se transforma en pieza
descompuesta que debe ser reemplazada o desechada.
La condición de anormalidad conduce a la idea de inutilidad e inmoralidad.
Las mismas piezas identifican la anormalidad de otras piezas.
Ya no se requiere de la Máquina para crear la brecha.
No hay necesidad de maquinista alguno.
Cada pieza entiende su parte en el Proceso.
Introyección.
¿Cómo atacar a la Máquina?
¿Cómo nacer en ella y aprender a notar su presencia sin ser consumidos por su
omnipotencia?
¿Cómo estar fuera sin dejar de entenderla, sin volverse en realidad inútil, sin
perder la autonomía y la valía?
La vida no depende de la Máquina.
Ella no ha estado siempre allí.
Entender su temporalidad es el primer paso.
Las piezas no deben combatir a las piezas.
Las piezas deben entender su rol imaginario, para finalmente abandonarlo por
completo.
Nunca hubo un rol.
Nunca hubo piezas.
La omnipotencia de la Máquina no es tal.
El mito perdurará tanto tiempo como sigamos creyendo y contando su historia.
¿Quién es la Máquina?
¿Dónde puedo apuntar al responsable?
“Solo basta con mirarse al espejo”.


https://youtu.be/eGF85DF76pA
ResponderBorrar